Sonrisasforever

Una invitación a la reflexión

martes

22

abril 2014

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Me dejo llevar y…

Escrito por , Publicado por Sonrisasforever

Hace muchos años, un día de primavera, estaba en la terraza de mi casa y me dejé llevar por mis emociones no pensadas. De aquello salió un escrito que permanece guardado en el tiempo.

Recientemente, me ha ocurrido lo mismo y he tenido la necesidad de plasmar en forma escrita esas emociones que, con el paso del tiempo han resultado parecidas pero diferentes…

En esta ocasión, el aire apenas movía la orla del toldo que me protegía del sol que más calienta. Me había aprendido de memoria casi todas las matrículas de los mismos coches que siempre pasaban por delante de casa. Miré enfrente y vi esa casa vecina de la que me sentía huérfano de compañía visual por reciente y prematura pérdida. Pensé en mi presencia y en la virtualidad en la que el tiempo convierte las cosas y los hechos. Recordé que solo existe el presente que solo dura un instante y que lo teníamos que vivir con la intensidad e inteligencia de ir acumulando instantes que conformarían nuestras vidas.

No me gusta recordar, que es pensar en lo que ya no se tiene, prefiero dejarme llevar. Y entonces aparecen los sentimientos afectivos. Pasan ante mí, sin verlos pero sintiéndolos, todos esos seres queridos que forman parte de mi particular carpe diem. No aparece en ningún momento, en ese desfile, ningún personaje adicto de mi rencor. Estoy aprendiendo a vivir el presente con total intensidad. El odio hace daño al que odia, la indiferencia y el olvido duelen al otrora odiado.

Tanto me dejo llevar que sin darme cuenta me quedo dormido. Un joven a todo gas me despierta con susto ruidoso. Compruebo que solo era un sueño temporal, sigo dejándome llevar y observando coches y personas circular delante de la mirada furtiva de un observador. Compruebo nuevamente la ausencia de mi vecino y descarto que fuera un sueño, ya no está, es una realidad. Me sigo dejándome llevar, percibo mi respiración, siento la vida que el tiempo me permite y vigilo de no dormirme… prematuramente. Y, cómo no, sonrío.

 

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